Marzo 14

“El Señor de los Ejércitos hizo este juramento: Sucederá tal como yo lo tengo planeado. Será tal como lo he decidido».
Isaías 14,24. ( 765 a.c – Jerusalén – 695 a.c).

Reflexión:

Que pasaje bíblico tan profundo y especial. Apropiado para cada una de esas ocasiones, en las que las fuerzas parecen agotarse; o la fe, se diluye.

“Sucederá tal como yo lo tengo planeado”. Son palabras que se expresan con seguridad y sin dubitaciones. De manera asertiva y categórica. Es tanto como sostener, que de las mil y una maneras como pueden suceder las cosas en la vida, solamente sucederá de una forma, como nuestro Dios lo tiene planeado.

Si son así las cosas; y creemos que así serán; ni las acciones de quienes quieran cambiar el rumbo o el destino; y mucho menos nuestros propios miedos o preocupaciones, lograrán cambiar los planes del creador.

Cuando Dios habla, tus problemas tienen necesariamente que hacer silencio. Debes dejarlos a un lado. Debes escucharlo. Concentrarte en ello. Su palabra tiene poder. Y sus designios jamás podrán ser modificados por el hombre, así conspiren muchos en contra de esa sagrada voluntad.

Será pues “….tal como lo he decidido”. De ninguna otra forma ni manera. Ni más ni menos. Solamente tal cual como lo ha planeado y decidido. El asunto es, que no siempre conocemos sus planes; y los mismos, parecieran enigmáticos, pues generan ansiedad e incertidumbre. Pero de eso se trata; de ser pacientes y prudentes; como también de ser acuciosos y estar preparados, para que cuando el designio o bendición recaiga sobre nosotros, estemos absolutamente dispuestos, para que aprovechemos de la mejor manera esa confianza y oportunidad, que quizás resulte única e irrepetible.

Biografía:

Esta nombre, significa “Yahveh es salvación»; y fue justamente uno de los profetas mayores de Israel, cuyo ministerio tuvo lugar durante el siglo VIII a.C. El ministerio profético de Isaías tuvo lugar en el Reino de Judá durante las monarquías de Uzías, Jotán, Acaz, Ezequías y Manasés. Profetizó durante la crisis causada por la expansión del Imperio asirio. Escribió por lo menos la primera parte del libro bíblico que lleva su nombre.

Isaías nació probablemente en Jerusalén hacia 765 a.C. y fue asesinado (aserrado), según se cree, por el rey Manasés en 695 a.C. Según la tradición talmúdica, Isaías posiblemente fue primo de Ozías y pariente de los reyes contemporáneos de Judá.

Isaías fue un estadista, asesor de reyes, poeta, orador y escritor, hijo de Amós y se le considera uno de los profetas mayores hebreos, fue llamado «el príncipe de los profetas» valorándosele, fundamentalmente, por las escrituras que legó a su nación y a las subsecuentes generaciones de su pueblo elegido.
Tuvo dos hijos, cuyos nombres fueron proféticamente significativos, Sear-jasub (un remanente volverá) y Maher-salal-hasbaz (el despojo se apresura), comenta que él y sus hijos son presagios para Israel. A su esposa la llamaban «la profetisa».
El ministerio profético de Isaías llegó a durar casi medio siglo, desde fines del gobierno de Azarías, rey de Judá, hasta los tiempos del monarca Manasés. Según los libros apócrifos Vida de los Profetas (1,1) y Ascensión de Isaías (5,11-14), el profeta murió aserrado (partido) durante la persecución provocada por el rey Manasés; a ello la Biblia también parece referirse.

Isaías fue un firme opositor a la política de alianza de los reyes de Judá con los imperios extranjeros y llamó a confiar en la Alianza con Yahvéh. Se opuso al protectorado de Asiria que el rey Acaz propició para enfrentarse con el norteño Reino de Israel y aquel de Damasco. El rey Ezequías quiso contrarrestar la hegemonía asiria, aliándose con Egipto, oponiéndose Isaías también a ello, pero cuando las tropas asirias de Senaquerib sitiaron Jerusalén, Isaías apoyó la resistencia y anunció la ayuda de Yahvéh: la ciudad se salvó.

La obra de Isaías muestra que era un gran poeta, con estilo brillante, precisión, composición armoniosa e imágenes novedosas. Académicos y críticos coinciden en que fue el autor de los capítulos 1 a 12, 15 a 24 y 33 a 35 del Libro de Isaías, en tanto que la autoría del resto del libro es aún tema de debate. Los capítulos 36 a 39, que están escritos en tercera persona, fueron aparentemente escritos por sus discípulos.
La segunda parte del Libro de Isaías, conocida como Libro de la Consolación de Israel (capítulos 44-55), es muy diferente a la primera y no nombra en ninguna parte a Isaías. El escenario de estos capítulos finales supone que Jerusalén ha sido asolada, el pueblo judío está cautivo en Babilonia y Ciro ya es rey de Persia, cuya gesta causará la liberación de los hebreos. El estilo del texto es más oratorio y hasta repetitivo. El contenido registra una mayor elaboración teológica. Es entonces probable que estos capítulos finales sean obra de un autor anónimo al final del destierro, después de 560 a.E.C.

Exégetas y estudiosos recalcan sin embargo, que las dos partes del libro de Isaías están unidas por su visión mesiánica:

  • En los capítulos 6 a 12 se anuncia el nacimiento del Emanuel, significando en hebreo este nombre «Dios con nosotros» (Isaías).[10]
  • En la segunda parte (Isaías 42,1-7;49,1-9;50,4-9;52,13;53,12) se presentan los Cánticos del Siervo de Jhvh, seguidor perfecto de Dios que con plena fe sufre para expiar los pecados de su pueblo y es glorificado.

  • Estudios sugieren que el uso reiterado de derivados de נצר en ambas partes del libro de Isaías, es una alusión mesiánica: natser, transcrita Nazer, traducida como «retoño», «vástago», «rama» o «renuevo»; y en otros contextos como vigilar, guardar, observar, defender, rodear, preservar (del peligro) o esconder (refugiar). Consideran que a ello se refiere Mateo 2:23 cuando dice que habitó en la ciudad que se llama Nazaret, y así se cumplió lo dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno (נצר, Notsri).
    El cristianismo estima que el Libro de Isaías anunció el nacimiento, sacrificio y gloria de Jesús y además, el alcance universal de la salvación por lo que se considera en algunas ocasiones como el «Príncipe de los Profetas».
    Según la tradición judeocristiana, Isaías pudo haber muerto como mártir. Durante su vida, Isaías enseñó la supremacía, la santidad y el carácter ético del mensaje de Dios. Criticó los errores de su pueblo, al que a su vez alentó durante el cautiverio en Mesopotamia, y profetizó asimismo el futuro renacer de Sion y Jerusalén.
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