La explicación es un error bien…

13-4 “La explicación es un error bien vestido”. Julio Florencio Cortázar (Ixelles, Bélgica, 26 de agosto de 1914-París, 12 de febrero de 1984).


Reflexión:
Excusatio non petita pecata manifesta; literalmente ‘disculpa no pedida culpa manifiesta’; o cómo se conoce en el argot popular, explicación no pedida, confesión manifiesta.
Las explicaciones son justamente eso; disculpas que otorgamos u ofrecemos, que denotan de suyo un error; o en medio de las cuales subyace un tropiezo, algo no deseado; o en resumidas cuentas, algo que nos sonroja, apena o avergüenza, y que nos pone en la incómoda situación de dar razones de porque se hizo o se dejó de hacer algo, en un momento determinado.
Las justificaciones están acompañadas de la no siempre comprensible pretensión, de que la situación que la motiva, sea olvidada, excusada o superada. No importa el adorno, arandela o vestido con que vaya cubierta la excusa; por justificada que sea, no dejará de ser reconocimiento de algo que no es lo ideal que haya ocurrido y de allí, que entre menos necesitemos de ofrecer dispensas, mucho mejor.
Es claro que a los amigos debemos quererlos y aceptarlos con sus virtudes pero también con sus defectos. Es razonable también aceptar, que en las relaciones con nuestros semejantes, se presentan a diario situaciones que en muchos casos escapan a nuestro control; o que pese a que hayamos hecho todo lo necesario por controlarlas, no siempre ello puede controlarse o lo que es lo mismo evitarse.
Sin embargo, la búsqueda de la excelencia, impone el deber de optimizar los recursos minimizando o eliminando errores, procurando que cada día las explicaciones o justificaciones sean menores, por cuanto los hechos, deben hablar por si solos de nuestras acciones, que han de desarrollarse ojalá siempre dentro del marco de lo pretendido o esperado por los demás.
No olvidemos que por sustentada y recargada de argumentaciones o motivos que estén nuestras explicaciones; o independientemente del vestido que le pongamos a la situación; la omisión o el error en el actuar, seguirá siendo algo no deseado; tal como le pasa al “mono”, que aunque se viste de seda, “mono” se queda.
Dejemos de especializarnos y volvernos doctos y extremadamente hábiles, para exponer porque hicimos o dejamos de hacer algo; invirtamos esos esfuerzos y despleguemos esas capacidades, actuando mejor; esto es, actuando como corresponde.
Biografía:
Fue un escritor, traductor e intelectual argentino. Sin renunciar a su nacionalidad argentina, optó por la nacionalidad francesa en 1981, en protesta contra el régimen militar argentino.
Es considerado uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general, y creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en el mundo hispano, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal. Debido a que los contenidos de su obra transitan en la frontera entre lo real y lo fantástico, suele ser puesto en relación con el realismo mágico e incluso con el surrealismo.
Vivió tanto la infancia como la adolescencia e incipiente madurez en Argentina y, desde la década de 1950, en Europa. Residió en Italia, España, Suiza y Francia, país donde se estableció en 1951 y en el que ambientó algunas de sus obras.
Además de escritor, fue también un reconocido traductor, oficio que desempeñó, entre otros, para la Unesco.
«La Revolución cubana… me mostró de una manera cruel y que me dolió mucho el gran vacío político que había en mí, mi inutilidad política… los temas políticos se fueron metiendo en mi literatura» (La fascinación de las palabras).En 1963, visitó Cuba invitado por Casa de las Américas para ser jurado en un concurso. A partir de entonces, ya nunca dejó de interesarse por la política latinoamericana. Durante esa visita también conoció personalmente a José Lezama Lima, con quien se escribía desde 1957, y cuya amistad se mantuvo hasta la muerte de este.
En ese mismo año aparece lo que sería su mayor éxito editorial y le valdría el reconocimiento de ser parte del boom latinoamericano: Rayuela, que se convirtió en un clásico de la literatura en español.
Según declaró en una carta a Manuel Antín en agosto de 1964, ese no iba a ser el nombre de su novela sino Mandala: «De golpe comprendí que no hay derecho a exigirle a los lectores que conozcan el esoterismo búdico o tibetano; pero no estaba arrepentido por el cambio».
Los derechos de autor de varias de sus obras fueron donados para ayudar a los presos políticos de varios países, entre ellos Argentina. En una carta a su amigo Francisco Porrúa de febrero de 1967, confesó: «El amor de Cuba por el Che me hizo sentir extrañamente argentino el 2 de enero, cuando el saludo de Fidel en la plaza de la Revolución al comandante Guevara, allí donde esté, desató en 300 000 hombres una ovación que duró diez minutos».
En noviembre de 1970, viajó a Chile, donde se solidarizó con el gobierno de Salvador Allende y pasó unos días a Argentina para visitar a su madre y amigos, y ahí, el delirio fue una especie de pesadilla diurna que contó en una carta a Gregory Rabassa.
Al año siguiente, junto a otros escritores cercanos —Mario Vargas Llosa, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre—, se opuso a la persecución y arresto del autor Heberto Padilla, desilusionado con la actitud del proceso cubano. En mayo de 1971 reflejó su sentir ambivalente hacia Cuba en «Policrítica en la hora de los chacales», poema publicado en Cuadernos de Marcha y reproducido después incluso por Casa de las Américas.
A pesar de ello, sigue de cerca la situación política de Latinoamérica. En noviembre de 1974 fue galardonado con el Médicis étranger por Libro de Manuel y entregó el dinero del premio al Frente Unificado de la resistencia chilena. Ese año fue miembro del Tribunal Russell II reunido en Roma para examinar la situación política en América Latina, en particular las violaciones de los Derechos Humanos. Fruto de esa participación fue el cómic editado posteriormente en México Fantomas contra los vampiros multinacionales, que Gente Sur editó en 1976. También en 1974, junto a otros escritores tales como Borges, Bioy Casares y Octavio Paz, pidieron la liberación de Juan Carlos Onetti, apresado por deliberar como jurado en favor del cuento El guardaespaldas de Nelson Marra, y cuyo encarcelamiento le significó secuelas traumáticas.

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