Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo…

4-7 “Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.”

Agustín de Hipona, conocido también como san Agustín ( Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hipona, 28 de agosto de 430).
Reflexión:
Imposible?; creemos que muchas cosas en la vida son imposibles. Justo es reconocer que se presentan cosas que se nos salen de las manos. Cosas que dependen del fuero interno de terceros.
Sin embargo, buena parte de las cosas que creemos que son imposibles, realmente SON POSIBLES.
Todo depende de la manera o de la forma como las afrontemos o enfrentemos. Si de entrada se cree que no se lograra algo; me temo, que quien piensa así tiene toda la razón. Jamás lo logrará; y por ende, sugerimos que ni siquiera gaste o invierta esfuerzos intentándolo.
Si por el contrario la actitud es proclive a la superación y al éxito, esto es, a sacar adelante las cosas, por difíciles que realmente sean; pues se superarán todas las barreras y los obstáculos.
De hecho, Dios no manda cosas imposibles. Al mandar lo que manda, te invitar a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas, para proceder luego a ayudarte, de tal suerte que al final del ejercicio, realmente puedas.
Dios nunca nos abandona. Somos nosotros los que nos alejamos de Él. Así que si tenemos Fe, y una relación estrecha y cercana, por difícil y lleno de obstáculos que sea el camino, de su mano, podremos superar todos los obstáculos.
Di siempre, yo quiero, yo puedo, yo lo haré. Esas palabras de poder, son cánticos celestiales para el creador, que visualiza en ellas, Fe y Esperanza, insumos y materia prima sin las cuales, difícilmente puede lograse que las cosas aparentemente imposibles, se vean posibles.
Biografía:
Es un santo, padre y doctor de la Iglesia católica.
El «Doctor de la Gracia» fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y según Antonio Livi uno de los más grandes genios de la humanidad.Autor prolífico, dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología, siendo Confesiones y La ciudad de Dios sus obras más destacadas.
San Agustín nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, una antigua ciudad en el norte de África sobre la que se asienta la actual localidad argelina de Souk Ahras, situada entonces en Numidia, una de las provincias del Imperio romano.Su padre, llamado Patricio, era un pequeño propietario pagano y su madre, la futura santa Mónica, es puesta por la Iglesia como ejemplo de mujer cristiana, de piedad y bondad probadas, madre abnegada y preocupada siempre por el bienestar de su familia, aun bajo las circunstancias más adversas.
Agustín, predispuesto por la fe materna, se aproxima al texto bíblico pero es su mente la que no consigue penetrar en su interior. Dicho en otras palabras, la fe no es suficiente para acceder a las profundidades de la revelación de las Escrituras. A los diecinueve años, se pasó al racionalismo y rechazó la fe en nombre de la razón. Sin embargo, poco a poco fue cambiando de parecer hasta llegar a la conclusión de que razón y fe no están necesariamente en oposición, sino que su relación es de complementariedad. La fe constituye una condición inicial y necesaria para penetrar en el misterio del cristianismo, pero no una condición final y suficiente. Es necesaria la razón. Según él, la fe es un modo de pensar asintiendo, y si no existiese el pensamiento, no existiría la fe. Por eso la inteligencia es la recompensa de la fe. La fe y la razón son dos campos que necesitan ser equilibrados y complementados.Para realizar con éxito la operación de conciliación entre las dos es indispensable concretar sus características, su ámbito de aplicación y la jerarquización (la fe gana frente la razón, ya que está apoyada por Dios) que se establece entre ellas. Como en muchas otras ocasiones, es en el texto bíblico donde Agustín encuentra el punto de partida para fundamentar su posición.

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